La historia del Hombre que no quiso poner ofrenda en día de Muertos.
Algunas versiones cuentan que ésta leyenda se dio en Tlaxcala, otras, simplemente relatan la historia sin referir el lugar de origen. En cualquier caso, nos apegaremos a la historia principal que ha circulado por redes sociales y por la Web en general.
Se acercaba la fecha conmemorativa del día de muertos, y con es bien sabido, la gente compraba los alimentos y las flores propias de la época para las ofrendas de sus difuntos. El protagonista de ésta historia de nombre Carlos, un hombre de clase baja, holgazán e incrédulo de dichas tradiciones se burló de la gente que invertía su dinero para sus ofrendas, para él, el día de Muertos era puras patraña y un invento. Su mujer, sin embargo si creía en dicha tradición y le pidió apoyo económico para poder comprar los alimentos pertinentes para la ofrenda sin embargo, Carlos no quiso apoyarla por lo que ella, triste y abatida decidió sacar algo de dinero lavando ropa, sin embargo sólo le alcanzó para comprar un par de veladoras.
Cuando llegó el 31 de Octubre, Carlos, le comentó a su mujer que si iría a cortar leña al monte no obstante, se fué a emborrachar gastándose el poco dinero que tenía en una pulquería junto con otros amigos, no obstante con el alcohol ya a un punto fuerte en el organismo de éstos hombres, los amigos comenzaron a recordar a sus familiares fallecidos y sintieron nostalgia. Uno de ellos Fernando, recordó a su madre fallecida y lloró sin embargo dijo;
-A pesar de que mi madre lleva muerta muchos años, yo la sigo recordando con mucho cariño y mientras yo viva, su recuerdo se mantendrá siempre presente conmigo y mi familia.
-¿A qué te refieres?- preguntó Carlos intrigado.
-Bueno, mi mujer y yo decidimos hacerle una ofrenda a mi querida madre con un rico mole el cual, por cierto, era su comida favorita.
-Jajajaj, compadre, esas son puras tonterías-le dijo Carlos en tono burlón-. Eso no existe, ustedes creen en un cuento de hadas, amigos, son patéticos ¿saben?
Todos se quedaron en silencio tratando de comprender las palabras de Carlos, no obstante, Fernando, visiblemente molesto por aquél comentario lo encargó y le dijo:
-¡No te atrevas a burlarte! Eres un verdadero ingrato con los muertos ¿sabes? Por si no lo sabes, amigo, ellos son los encargados de interceder con Dios por todos los que nos quedamos vivos.
-Calma, calma-dijo Carlos-. Ya no los molesto más creo que me voy a ir hacia el monte, los dejaré con sus creencias.
Y sin dar más explicaciones, Carlos dejó el lugar y subió hacia el monte. Como ya era muy tarde (aproximadamente las 3 de la madrugada), el hombre decidió quedarse en un acate que encontró por el camino, no obstante vio algo extraño. Pues había una multitud que bajaba hacia el pueblo desde el monto, Carlos se acercó con curiosidad y su sorpresa fue mayúscula al reconocer a algunos vecinos que habían fallecido hacía poco pero lo que más le llamó la atención fue que vio a sus propios padres en dicha procesión, le dio tanta impresión que se desmayó del susto.
Al día siguiente se levantó y pudo notar que dicha multitud regresaba contenta. Todas las caras de las personas irradiaban una felicidad envidiable, pues llevaban itacates con guisados deliciosos, bebidas de diferentes tipos e incluso los niños llevaban juguetes y dulces. En ese momento, Carlos vio a sus padres nuevamente, pero se dio cuenta de que iban tristes y cabizbajos pues llevaban un trozo de ocote quemado, esto hizo sentir muy mal a Carlos pues se dio cuenta que sus familiares estaban decepcionados, cuando se acercó a ellos les preguntó la razón de su sentir y le contestaron:
-¡Qué ingrato eres, Carlos! Sin duda alguna nos estás olvidando por completo, mira lo que nos decidiste dejar, solo un trozo de ocote y para colmo de males, ¡está quemado!
Esto hizo recapacitar a Carlos. Pensó en las burlas que había hecho sobre los difuntos y la tradición del día de Muertos, ésto le dio mucha culpa se acerco a sus padres y les dijo, visiblemente arrepentido:
-¡Perdónenme, padre y madre! Fui un inconsciente, por favor permitanme resolver ésto de inmediato, espérenme aquí.
El hombre salió corriendo directo a su casa y le comentó lo sucedido, ella muy comprensiva, decidió prepararle un itacalte con frijoles y un guisado que originalmente, le había dado a su madre. Carlos, regresó corriendo hacia el monte lo más rápido y no se supo de él hasta el día siguiente. Lamentablemente encontraron su cuerpo en el monte sin vida. Su expresión era de dolor y el itacate que le preparó su esposa estaba desparramado.
Esta leyenda nos enseña que nunca debemos burlarnos de las tradiciones ni pasar por alto el hacer el altar a nuestros muertos, pues se cree que quien niega todo ésto, deja de tener la protección de los seres fallecidos para que sean atacados por entes malignos. No debemos de olvidar que el más allá existe y hay que recordar siempre a nuestros seres queridos que ya no están aquí y a todas aquellas animas que vienen a visitarnos en las fechas del día de muertos para ayudarles a encontrar su camino. Por esa razón es importante conservar nuestra hermosa tradición de día de los santos difuntos.
Gracias por leer.
Si quieres conocer más versiones de ésta historia la puedes ver en redes sociales o bien, en ésta página: mexicodesconocido.com.mx en el cual nos basamos para recomponer el relato según nuestra particular versión.
¡No olvidemos honrar a nuestros muertos!
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