jueves, 28 de julio de 2022

La Confusión entre lo psiquico mental y lo espiritual trascendental

 Se da por sentado que el hecho de tener habilidades psíquicas como telepatia clarividencia, precognición, o cualquier otra capacidad ''paranormal'' ya es indicativo  de una mayor consciencia espiritual pero ¿realmente es así? 


La Confusión entre lo psíquico  y lo espiritual según René Guenon.

Se da por sentado qué los poderes psíquicos es decir telepatía clarividencia clariaudiencia viaje astral proyección astral etcétera son un indicativo de un desarrollo espiritual para las personas que poseen algunos o varios de estas habilidades. Sin embargo, a decir de René Guenon, autor  y metafísico francés del siglo XX, esto no es así. Pues el Hombre qué se sobre identifica con sus poderes psíquicos y que cree por ende qué es más superior a los que no lo tienen, cae en un error muy grande al mezclar los conceptos espiritual y mental. De acuerdo a Guenon, está hambre tan ansiada de obtener poderes y que se refleja mucho en nuestra época moderna, solo nos conduce a una especie de desarrollo al revés, pues a decir de este autor "...en lugar de elevarse hacia el Océano de arriba, se hunden en los abismos delOcéano de abajo; en lugar de concentrar todas sus potencias para dirigirlas hacia el
mundo informal, que es el único que puede llamarse «espiritual», las dispersan en la
diversidad indefinidamente cambiante y huidiza de las formas de la manifestación sutil (que es lo que corresponde tan exactamente como es posible a la concepción de la
«realidad» bergsoniana), sin sospechar que lo que toman así por una plenitud de«vida» no es efectivamente más que el reino de la muerte y de la disolución sin retorno" (Guenon,p.213, 1945).
Y todo esto viene de la confusión entre lo mental psíquico en lo espiritual. Es algo que el mismo autor aborda en su libro el reino de la cantidad y el signo de los tiempos:
entra en juego la confusión de lo
psíquico propiamente dicho y de lo espiritual, confusión que, por lo demás, se pre-
senta bajo dos formas inversas: en la primera, lo espiritual es reducido a lo psíquico,
y es lo que sucede concretamente en el género de explicaciones psicológicas de las
que hemos hablado; en la segunda, lo psíquico es tomado al contrario por lo espiri-
tual, y el ejemplo más vulgar de ello es el espiritismo, pero las demás formas más
complejas del «neoespiritualismo» proceden todas igualmente de este mismo error.
En los dos casos, es siempre, en definitiva, lo espiritual lo que es desconocido; pero
el primero concierne a aquellos que lo niegan pura y simplemente, al menos de he-
cho, si no siempre de una manera explícita, mientras que el segundo concierne a los
que tienen la ilusión de una falsa espiritualidad, y es éste último caso el que tenemos
más particularmente en vista al presente. La razón por la que tantas gentes se dejan
extraviar por esta ilusión es bastante simple en el fondo: algunos buscan ante todo
pretendidos «poderes», es decir, en suma, bajo una forma o bajo otra, la producción
de «fenómenos» más o menos extraordinarios; otros se esfuerzan en «centrar» su
consciencia sobre algunos «prolongamientos» inferiores de la individualidad humana,
tomándolos equivocadamente por estados superiores, simplemente porque están fuera
del cuadro donde se encierra generalmente la actividad del hombre «medio», cuadro
que, en el estado que corresponde al punto de vista profano de la época actual, es el
que se ha convenido en llamar la «vida ordinaria», en la que no interviene ninguna
posibilidad de orden extracorporal. Por lo demás, para estos últimos también, es el
atractivo del «fenómeno», es decir, en el fondo, la tendencia «experimental» inherente al espíritu moderno, la que está más frecuentemente en la raíz del error: lo que
quieren obtener en efecto, son siempre resultados que sean en cierto modo «sensi-
bles», y es eso lo que creen que es una «realización»; pero eso equivale a decir justamente que todo lo que es verdaderamente de orden espiritual se les escapa enteramente, que ni siquiera lo conciben, por lejanamente que sea, y que, al carecer total-
mente de «cualificación» a este respecto, sería mejor para ellos que se contentaran
con permanecer encerrados en la banal y mediocre seguridad de la «vida ordinaria».
Bien entendido, aquí no se trata de negar de ninguna manera la realidad de los «fenómenos» en cuestión como tales; son incluso muy reales, podríamos decir, y por ello
son más peligrosos; lo que contestamos formalmente, es su valor y su interés, sobre
todo desde el punto de vista de un desarrollo espiritual, y es precisamente en eso donrecae la ilusión. Si todavía no hubiera en eso más que una simple pérdida de tiem-
po y de esfuerzos, el mal no sería muy grande después de todo; pero, en general, el
ser que se dedica a estas cosas deviene después incapaz de librarse de ellas y de ir
más allá, y es así irremediablemente desviado; en todas las tradiciones orientales, se
conoce bien el caso de esos individuos que, devenidos simples productores de «fenó-
menos», no alcanzaron nunca la menor espiritualidad. Pero hay todavía más: puede
haber en eso una suerte de desarrollo «al revés», que no solo no aporta ninguna ad-
quisición válida, sino que aleja siempre más de la «realización» espiritual, hasta que
el ser esté definitivamente extraviado en esos «prolongamientos» inferiores de su individualidad a los que hacíamos alusión hace un momento, y por los que no puede
entrar en contacto más que con lo «infrahumano»; su situación no tiene entonces sali-
da, o al menos no tiene más que una, que es una «desintegración» total del ser cons-
ciente; para el individuo, eso es propiamente el equivalente de lo que es la disolución
final para el conjunto del «cosmos» manifestado (ibid, pp. 211-212).
Dicho en otras palabras, cuando el ser humano cree que por desarrollar sus capacidades psíquicas y hasta en un reino espiritual o está mucho más evolucionado que los demás o bien de alguna forma cree que ese es el camino para elevarse el reino espiritual tal como,se dice mucho en las ideologías ne wage, el humano no se da cuenta de que está cayendo en una trampa de la cual muchas veces es difícil salir ya que da por hecho que el desarrollo psíquico equivale un desarrollo espiritual cuando no es así. Cómo pudimos notar en el párrafo anterior el autor menciona que el espiritismo es un ejemplo de esa confusión al creer que los fenomenos psíquicos que producen los médiums y espiritistas son de orden espiritual y  por otro lado el psicologismo con sus teorías y representantes trata de reducir lo espiritual a lo psíquico, es decir todo al revés y mal abordado.
En ambas corrientes de pensamiento se  niega la parte espiritual. Al tomarla equivocadamente como un producto de sus teorías y de fenómenos en el caso de la psicología se puede ver mucho está tendencia  en las  diversas  escuelas psicoanalíticas que supuestamente tratan de sacar lo mejor del ser humano con su terapéutica, no obstante a decir de nuestro autor es justamente lo contrario pues al trabajar con la parte que se llama subconsciente o inconsciente solo sale el contenido más bajo en vez del contenido supraconsciente.

Todo esto es producto de la modernidad del pensamiento occidental que tiene su herencia en la filosofía cartesiana y que nos ha llevado a muchos occidentales a tomar por dogma de fé este tipo de teorías y explicaciones , donde gracias también al pseudoesoterismo se ha exacerbado está confusión de la mente con lo espiritual al grado de creer que por tener capacidades "paranormales", el individuo en cuestión está en un alto grado espiritual cuando muchas veces no es así



Fuentes:


René Guenon. El Reinó de la Cantidad y los signos de los Tiempos. Ed. Veritas 1945.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario