Continuando con el tema del Mundo Astral que nos plantea Charles Leadbeater, en este apartado haremos un breve recorrido por los seres que se encuentran en este plano. En la entrada pasada, comentamos acerca de la definición y descripción que otorga este autor del llamado Mundo Astral. Ahora revisaremos el punto de vista de dicho autor sobre los habitantes del mundo astral.
Habitantes del Mundo Astral de acuerdo a Leadbeater.
Los Habitantes Humanos tanto vivos como Muertos.
Habitantes Desencarnados
...en el caso de muerte repentina por accidente o suicidio fulminante, el individuo no ha tenido tiempo de predisponerse a la muerte, y la violenta separación del Ego del cuerpo físico se ha comparado acertadamente al brusco arranque del hueso de una fruta verde. El cuerpo astral contiene todavía muchas partículas groseras, y en consecuencia el individuo desencarnado se encuentra al morir en el séptimo subplano del astral. Sin embargo, los que mueren de accidentes y han observado durante toda su vida recta y noble conducta, no tienen tendencia al séptimo subplano, y por lo tanto pasan el tiempo que han de permanecer allí, según dice una primitiva carta sobre el asunto, “en feliz ignorancia y completo olvido, o en un estado de tranquila somnolencia henchida de rosados ensueños”Por el contrario, si el individuo muerto violentamente fue en vida egoísta, cruel y lujurioso, se encontrará en el séptimo subplano del mundo astral, e inflamado por sus siniestras e indomadas pasiones, arriesga convertirse en maligna y terrible entidad, mas como ya no tiene cuerpo físico por cuyo medio satisfacer sus groseros apetitos, se vale del de un médium o de una persona de frágil voluntad y muy sensitiva a la que pueda obsesionar, de suerte que se deleita en la práctica de todos los artificios ilusorios que aquel subplano pone a su disposición para inducir a los incautos vivientes en el mundo físico a cometer los excesos que tan funestos le fueron.De la misma carta aludida entresacamos el siguiente pasaje referente a dichas entidades: “Estos son los pisacas, los demonios íncubos y súcubos mencionados por los escritores medievales, demonios de la lujuria y de la gula, de la avaricia y de la crueldad, de la astucia y la hechicería que inducen a sus víctimas a cometer horribles acciones y se huelgan en la comisión”.A esta clase pertenecen los demonios tentadores a que aluden las religiones; pero su poder se estrella contra el broquel de una mente pura, un ánimo noble y una conducta impecable de alta espiritualidad, pues nada pueden contra un viviente en el mundo físico, a menos que haya alimentado los vicios que la entidad obsesionante trata de intensificar.(...)La situación del suicida es más complicada porque su acto menoscaba enormemente el poder del Ego de llevarse consigo los principios inferiores, y por lo tanto lo expone a múltiples y ulteriores peligros; pero se ha de considerar que el suicidio admite muchos grados, desde el moralmente intachable de Sócrates y Séneca, hasta el nefando crimen del malvado que se quita la vida para eludir las consecuencias de sus viles fechorías. (Leadbeater, 1896, pp. 25-26).
8-Vampiros y Lobos- Si, aunque parezca dificil de creer, para la Teosofía y Leadbeater estas entedidas existen en el mundo astral. Leadbater lo explica por extenso en las siguiente cita:
Los lectores de las obras teosóficas se darán cuenta de la posibilidad de que un hombre haya sido en vida tan abyecto y degradado, tan brutalmente egoísta, que su cuerpo mental inferior esté empapado de sus pasionales deseos y se separe del Ego. Algunos ocultistas suponen que este caso es más frecuente de los que parece y que se encuentran numerosas de estas formas desalmadas; pero afortunadamente no es cierta tal suposición. Para llegar al grado de abyección correspondiente al profundo hundimiento de la maldad que acarrea la pérdida de la personalidad y la debilitación de la evolucionante individualidad, sería necesario que le hombre sofocara todo vislumbre de inegoísmo o de espiritualidad sin el más mínimo punto de contrición redentora; y cuando advertimos que aun en los individuos más viles hallamos algo no enteramente malo, hemos de convenir en que están en exigua minoría las personalidades abandonadas por el Ego. Sin embargo, aunque pocas, las hay, y de ellas provienen los cada vez más raros vampiros.
La abandonada personalidad, incapaz de permanecer en el plano astral, se verá irresistiblemente arrastrada en plena conciencia a “su propio lugar”, a la misteriosa octava esfera, donde se desintegra después de pasar por experiencias que vale más no describir. Pero si el hombre murió por suicidio y sabe algo de magia negra, puede en determinada circunstancia eludir tan horrible destino por la lívida existencia del vampiro. Como quiera que no puede ir a la octava esfera hasta la desintegración del cuerpo físico, lo mantiene en una especie de catalepsia por el horrible medio de transfundirle la sangre substraída de otros seres humanos por medio de su semimaterializado cuerpo astral, y así demora su final destino mediante la perpetración de numerosos asesinatos. Contra ello hay el remedio de exhumar y quemar el cadáver para privar al vampiro de su punto de apoyo. Al abrir la sepultura, el cadáver suele aparecer todavía incorrupto, como si estuviese fresco y lozano, y el ataúd está en muchos casos lleno de sangre. En los países donde prevalece la costumbre de incineración del cadáver en el horno crematorio es imposible esta especie de vampirismo.
El lobo, aunque igualmente horrible que el vampiro, resulta de un karma algo diferente, y en rigor debiera incluirse entre los habitantes vivientes en el mundo físico que visitan el plano astral, pues siempre se manifiesta por vez primera el lobo durante la vida física del hombre, y su pone invariablemente el conocimiento de la magia negra para ser capaz de proyectar el cuerpo astral.
Cuando por arte mágica de negra índole, proyecta así el cuerpo astral un hombre refinadamente cruel y malvado, es posible que se apodere de él otra entidad astral y lo materialice en forma de animal salvaje, que generalmente es el lobo, y en esta condición vagará por el país matando a otros animales y si le es posible a personas humanas para satisfacer no sólo la sed de sangre que le atraiga, sino también la de las malignas entidades que lo impulsan. (Leadbeater 1896, pp. 26-27).
No obstante menciona que para el viajero astral no hay que temer de estas entidades pues ''.... son ahora sumamente raras y según pase el tiempo irá disminuyendo aún más su escaso número. En todo caso, su manifestación se contrae a las inmediaciones del cadáver del que fue su cuerpo físico, como cabe suponer de su extremada índole material.'' (Leadbeater 1896, pp. 27-28).
9- El Mago Negro y sus Discipulos- Ya hablamos de ellos en el apartado anterior. Baste decir que el mago negro, para Leadbeater, ''desafía el natural proceso de la evolución, manteniéndose en la vida astral por medios de la más horrible índole(...) toda entidad humana que se esfuerce en prolongar su vida astral más allá de sus naturales límites ha de hacerlo a costa de la vitalidad substraída a otros seres humanos.'' (Leadbeater 1896, p.28).
Habitantes no Humanos del Mundo Astral según Leadbeater.
Para la consideración de los habitantes no humanos del plano astral conviene prescindir de aquellas primitivas formas de la vida universal que están evolucionando de una manera apenas comprensible para nosotros mediante la sucesiva agrupación de átomos, moléculas y células, pues si hubiésemos de comenzar por los reinos elementales, habríamos de incluir en el orden de habitantes no humanos del mundo astral un enorme número que sólo podría estudiarse someramente, so pena de dar a este libro las proporciones de una enciclopedia.El más conveniente medio de ordenar los habitantes no humanos del mundo astral es dividirlos en cuatro clases, advirtiendo que cada una de estas clases no es una menor subdivisión, sino que abarca generalmente un reino de la naturaleza tan vasto como el vegetal o el animal. Algunas de estas clases son inferiores al hombre, otras lo igualan y también las hay que lo superan en bondad y poder. Varias de ellas pertenecen a nuestra línea de evolución; es decir, que han sido o serán hombres. Otras evolucionan según su propia y peculiar línea.Antes de proceder al estudio de estas cuatro clases, conviene advertir que hemos prescindido de dos órdenes de entidades. No hablaremos de la ocasional manifestación de altísimos Adeptos procedentes de otros planetas de nuestro sistema solar ni de los todavía más excelsos Visitantes provenientes de lejanísimas distancias, porque estos temas no son propios de un tratado destinado a pública lectura, sin contar con que es prácticamente inconcebible aunque teóricamente posible que tan altísimas Entidades necesiten manifestarse en la bajeza del mundo astral. Si por alguna razón quisieran manifestarse en él, se elaborarían un temporáneo cuerpo de la materia del plano astral terrestre, como hemos visto en el caso de los nirmânakâyas.Por otra parte, también prescindiremos de otras dos grandes evoluciones no humanas que actualmente comparten con la humanidad el uso del planeta terrestre, y sobre las cuales está prohibido dar referencias, porque por ahora ni las entidades de esas dos grandes evoluciones han de conocer la existencia del hombre ni tampoco el hombre ha de conocer cuáles son. Si acaso nos ponemos en inconsciente contacto con ellas ha de ser en el plano físico, pues su estancia en el astral es muy fugaz y depende de un rarísimo accidente en un acto de magia ceremonial que afortunadamente sólo saben practicar los hechiceros de elevadísima categoría. Sin embargo, dicho accidente ha ocurrido al menos una vez y puede repetirse, de modo que si no fuese por la prohibición mencionada habríamos de incluir a dichas dos evoluciones en nuestra clasificación. (Leadbeater 1896, pp. 29-30).
1-Seres Elementales-Aquí, nuestro autor se extiende mucho sobre el tema pues habla de toda clase de seres elementales, para más información se puede consultar su obra ''Los Espiritus de la Naturaleza''. Bste decir que todos los elementales pertenecen al mundo astral.
2-Cuerpos Astrales de animales- Según el autor, los cuerpos astrales de seres animales no perrmanecen mucho en el mundo astral, debido a que no han logrado mucha individualización y cuando fallecen, su envoltura astral se reordena junto con todas sus memorias logrando así una estancia muy corta en dicho plano. Pero hay casos de animales, sobre todo domésticos, que logran una individualización dentro de su grado de evolución espiritual y eso les permite una estancia mucho mayor en el plano astral e incluso pueden llegar a encarnar en cuerpos humanos.
3-Los Espíritus de la Naturaleza- Aunque hablamos un poco de ellos en la primera clase de los habitantes no humanos del astral, en este caso desarrolla el tema, citaré por extenso sobre esto por que me pareció un análisis muy interesante
Algunos autores han incluido a los espíritus de la naturaleza en el número de los elementales; y en verdad que son los elementales, o quizá más propiamente los animales de otra línea de evolución. Aunque mucho más altamente desenvueltos que nuestra esencia elemental, tienen algunas características comunes con ella. Por ejemplo, también se subdividen en siete órdenes que habitan respectivamente en los mismos siete estados de materia física ya mencionados, en los que penetran las correspondientes variedades de esencia elemental. Así consideraremos los espíritus de la naturaleza más comprensibles para nosotros, que son los de la tierra, agua, aire y fuego o éter. Son definidas e inteligentes entidades astrales que residen y funcionan en cada uno de dichos ambientes.
Se preguntará que cómo es posible que un ser viviente habite en una materia tan sólida como una roca en la corteza terrestre. La respuesta está en que como los espíritus de la naturaleza están corpóreamente constituidos por materia astral, la materia de la roca no es obstáculo impediente a su movimiento ni a su visión; y por lo tanto, la materia sólida es su natural elemento y el único a que están acostumbrados y en el que se sienten en buen acomodo. Lo mismo cabe decir de los que habitan en el agua, en el aire o en el éter.
Los tratadistas medievales llamaron gnomos a los espíritus naturales de la tierra; ondinas a los del agua; sílfides a los del aire, y salamandras a los del fuego. En el lenguaje vulgar se les conoce por muchos nombres, entre ellos los de hadas, sátiros, faunos, elfos, duendes, damas blancas, nereidas, morenillos, trasgos, etc. Sus formas son muy variadas, pero más frecuentemente de configuración humana y cortos de talla. Como todos los habitantes del plano astral24, son capaces de asumir cualquier aspecto a voluntad, pero tienen definida forma peculiar o mejor diríamos una forma preferida en que aparecen cuando no les interesa asumir otra. En las condiciones ordinarias son invisibles a la percepción visual física, pero son capaces de materializarse para hacerse visibles fácilmente.
Hay multitud de razas de espíritus de la naturaleza, y los individuos de cada una de ellas difieren de los de las otras en inteligencia y disposición, análogamente a lo que sucede entre los individuos de las diferentes subrazas humanas. La mayoría de espíritus de la naturaleza evitan la relación con el hombre, cuyas costumbres y emanaciones les repugnan, y les molestan las corrientes astrales que ponen en movimiento los incesantes y desordenados apetitos humanos. Sin embargo, también hay espíritus de la naturaleza que se muestran amigos del hombre y le favorecen y benefician en cuanto está de su parte, como, por ejemplo, los morenillos escoceses y las hadas de los cuentos. Paro esta benéfica actitud es relativamente rara; y por lo general, cuando los espíritus de la naturaleza se ponen por cualquier vicisitud en contacto con el hombre, se muestran indiferentes o disgustados, o bien se deleitan en engañarle y hacerle víctima de pueriles jugarretas. Muchas leyendas, consejas y cuentos lugareños de las solitarias comarcas montesinas denotan esta traviesa característica de los espíritus de la naturaleza; y quienes hayan frecuentado las sesiones espiritistas recordarán que entre los fenómenos psíquicos se interpolan algunas payasadas inofensivas, que denotan la presencia de los espíritus de la naturaleza de inferior categoría.
Favorece sus mañas y ardides el admirable poder de hechizar a quienes ceden a su influencia, para que sólo vean y oigan lo que ellos les sugieren, exactamente lo mismo que el hipnotizado sólo recibe percibe lo que el hipnotizador le sugiere. Sin embargo, los espíritus de la naturaleza no alcanzan a dominar la voluntad humana, a no ser la de los individuos que la tengan muy flaca o de los que experimenten un terror lo bastante intenso para que temporalmente se inhiba la voluntad. No pueden ir más allá de la decepción sensorial o sea el engaño de los sentidos, en lo que son maestros, y ocasiones hay en que hechizan a una congregada multitud. Así ocurre con los más sorprendentes juegos de los faquires de la India, ejecutados por mediación y auxilio de los espíritus de la naturaleza, que fascinan a los espectadores haciéndoles ver y oír lo que no sucede en realidad.
Casi podríamos considerar los espíritus de la naturaleza como una especie de humanidad astral, a no ser porque ninguno de ellos, ni aun los de superior categoría, posee una individualidad permanentemente reencarnante. Por lo tanto, uno de los puntos en que la línea de evolución de los espíritus de la naturaleza difiere de la humana, es que han de llegar a un alto grado de inteligencia antes de que se individualicen permanentemente, pero apenas sabemos nada de las etapas por que han pasado ni de las que todavía han de pasar.
La duración de la vida de los individuos de los diversos órdenes de espíritus de la naturaleza es muy corta en algunos y mucho más larga que la del hombre en otros. Somos tan extraños a la vida de ellos, que nos es imposible comprender muchas de sus condiciones; pero, en conjunto, parece ser una gozosa e irresponsable clase de existencia, semejante a la que un grupo de niños pudiera llevar en un ambiente físico extraordinariamente favorable. Aunque aficionados a gastar bromas y jugarretas, rarísimamente se muestran maliciosos, a menos que se les provoque por una injustificada intrusión o molestia; pero en general desconfían del hombre y les enoja la presencia de un neófito en el plano astral, por lo que se le aparecen en espantable forma. Si el recién llegado no se deja amedrentar por semejantes vestigios, le dejarán tranquilo como un mal necesario, y es fácil que con el tiempo se le muestre amigo alguno de ellos. Otras órdenes de espíritus de la naturaleza son formales y no se entretienen en puerilidades como los que acabamos de describir, y a ellos pertenecen las entidades que en diversas ocasiones han sido reverenciadas como dioses locales o de los bosques. Estas entidades gustan de la lisonja que acompaña a la veneración que se les tributa y sin duda están dispuestos a recompensar la veneración con algún servicio (Leadbeater 1896, pp. 36-38).
4- Los Devas- Seres superiores para el hinduiste, angeles para el creyente católico, hijos de dios, etc. Aquí una extensa explicación que hace Leadbeater pues los divide en Devas Astrales y Devas de alto nivel:
Se pueden considerar como un reino inmediatamente superior al humano, como el humano es inmediatamente superior al animal; pero con la importante diferencia de que mientras para el animal no hay otro camino de evolución, en cuanto se nos alcanza, que pasar por el reino humano, el hombre tiene al llegar a un alto nivel, abiertos ante sí, siete senderos, uno de los cuales es la evolución dévica.
Su comparamos este sendero con la sublime renunciación del nirmânakâya, veremos por qué en algunos tratados se dice que quienes lo eligen ceden a la “tentación de ser dioses”; pero de esta frase no se ha de inferir vituperio alguno a quienes escogen dicha línea de evolución, que no es la más corta, aunque sí muy noble, y si la desenvuelta intuición del hombre le impele a ella, seguramente que será la mejor adecuada a sus facultades. No debemos olvidar que tanto en la ascensión espiritual como en la física, no todos son capaces del esfuerzo que requiere seguir el sendero más escarpado, y hay muchos para quienes el sendero más llano es el único posible, y seríamos indignos discípulos de los grandes Instructores si consintiéramos que nuestra ignorancia emitiera el más leve pensamiento desdeñoso contra quienes no eligen el mismo sendero que nosotros.
Sin embargo, por la completa ignorancia de las dificultades del porvenir, nos es imposible en el presente estado de evolución predecir lo de qué seremos capaces cuando después de muchas vidas de pacientes esfuerzos hayamos adquirido el derecho de escoger nuestro futuro; y en verdad que aun aquellos que cedan a la “tentación de ser dioses”, tienen ante sí una carrera suficientemente gloriosa, según vamos a ver. Para evitar toda mala inteligencia, conviene advertir que la frase “llegar a ser dioses” tiene en los libros otro significado de índole maligna, aunque en este sentido no podrá ser una tentación para el hombre altamente evolucionado y por consiguiente es ajeno a nuestro estudio.
En la literatura oriental se usa frecuentemente la palabra “deva” para significar cualquier clase de entidades no humanas, por lo que por una parte incluyen a sus divinidades y por otra a los espíritus de la naturaleza y a los elementales ficticios o artificiales. Sin embargo, contraeremos el significado de devas a la magnificente evolución que estamos considerando.
Aunque relacionados con la tierra no están los devas confinados en ella, porque el conjunto de nuestra presente cadena de siete globos es para ellos como un solo globo, pues evolucionan en un superior sistema de siete cadenas. Hasta ahora se han reclutado principalmente sus huestes de otras humanidades del sistema solar, unas superiores y otras inferiores a la nuestra, pues muy pocos individuos de la terrestre han llegado al nivel en que fueron capaces de unirse a la evolución dévica; pero parece cierto que algunas de sus numerosas clases no han pasado en el camino de su evolución por ninguna humanidad comparable a la nuestra.
En la actualidad no nos es posible comprender gran cosa de lo concerniente a los devas; pero desde luego es evidente que la meta de su evolución ha de ser muy superior a nuestra meta; es decir, que mientras la finalidad de la evolución humana es elevar a quienes de ello sean capaces a cierto grado de oculto conocimiento al fin de la séptima ronda, el objeto de la evolución dévica es elevar a sus primeras filas a un nivel muchísimo más alto en igual tiempo. Y entonces, tanto para ellos como para nosotros, se abrirá un sendero más escarpado, pero también más corto, que conduzca a los esforzados a más sublimes alturas que en el caso de ellos sólo podemos conjeturar cuáles son.
En nuestro estudio del plano astral sólo necesitamos mencionar las tres inferiores categorías de los devas, que son los devas astrales, llamados en la antigua terminología kamadevas; los devas mentales inferiores o rupadevas; y los mentales superiores o arrupadevas.
Así como el cuerpo físico es el más inferior posible en el hombre, así el cuerpo astral es el más inferior posible en el kamadeva.. Está el deva astral en análoga situación a la en que se hallará la humanidad cuando llegue al globo F de la actual cadena planetaria; y aunque vive en cuerpo astral, puede desprenderse de él y visitar en cuerpo mental la esfera superior, así como el hombre puede desprenderse del cuerpo físico para actuar en cuerpo astral. Si el deva astral está bastante evolucionado no le será la actuación en cuerpo carnal más difícil que para el hombre es el uso del cuerpo mental.
De la propia suerte, el cuerpo inferior del rupadeva es el mental o sea el constituido con materia de los cuatro suplanos inferiores del plano mental, o subplanos de las formas, mientras que el cuerpo inferior del arrupadeva es el causal, constituido por materia de los tres planos superiores del plano mental27. Sin embargo, la manifestación de los devas mentales y causales en el plano astral es tan sumamente rara como la manifestación materializada de una entidad en el plano físico, por lo que basta con mencionar esas dos categorías de devas.
En cuanto a la categoría inferior, la de los devas astrales, sería muy craso error considerarlos inmensamente superiores al hombre, pues algunos proceden de una humanidad menos adelantada que la nuestra. El término medio de sus individuos aventaja de mucho a nuestro término medio, porque se ha eliminado hace tiempo de sus filas todo lo activo e intencionadamente maligno; pero los individuos difieren muchísimo en disposición, y un hombre de altas cualidades morales, de exquisita espiritualidad, inegoísta y magnánimo, puede estar más adelantado en la escala de la evolución que algunos de ellos.
Se puede llamar la atención de los devas astrales por medio de ciertas evocaciones mágicas, pero la única voluntad humana capaz de subyugar a la suya es la de una muy alta categoría de adeptos. Generalmente parece como si no se dieran cuenta de nosotros en el plano físico; pero de cuando en cuando sucede que uno de ellos advierte alguna tribulación humana que excita su compasión y presta su ayuda, así como nosotros auxiliamos a un animal que vemos angustiado. Sin embargo, comprenden que en el presente estado de la evolución cualquiera interferencia en los humanos negocios sería más perjudicial que beneficiosa.
Superiores en categoría a los devas astrales hay otras cuatro, y sobre todo el reino dévico se hallan las vastas huestes de espíritus planetarios cuya consideración estaría fuera de lugar en un estudio sobre el plano astral.
Aunque en rigor no pertenecen a ninguna de las clases de habitantes no humanos del plano astral, viene a propósito mencionar a los admirables e importantes seres llamados los cuatro Devarrajas o Devarregios. En esta denominación la palabra deva no debe tomarse en el mismo sentido que hasta ahora, porque no rigen el reino dévico, sino los cuatro “elementos” tierra, agua, aire y fuego, con sus moradores espíritus de la naturaleza y esencias elementales. Nada sabemos acerca de cómo evolucionaron los cuatro Devarregios para llegar a tan alto grado de sabiduría y poder, aunque es seguro que no pasaron por ninguna etapa correspondiente a nuestra humanidad.
También se les llama Regentes de la Tierra o Ángeles de los cuatro puntos cardinales28, y en las escrituras hinduistas se les apellida Chabur Maharajás, y se les da los propios nombres de Dhritarâshtra, Virûdaka, Virupaksha y Vâishrâvana. En las mismas escrituras se dan a las huestes de elementales sujetos a los cuatro Devas Regios los nombres de Gandharvas, Kumbhandas, Nagas y Yakshas, correspondientes al este, sur, oeste y norte, respectivamente, y cuyos simbólicos colores son: blanco, azul, rojo y amarillo de oro. En La Doctrina Secreta se les llama “globos alados” y “ruedas ígneas”; y en la profecía de Ezequiel se les describe con palabras muy semejantes29.
A ellos se refieren las simbologías religiosas, y se les ha tributado siempre profunda reverencia como protectores de la humanidad.
Son los agentes del karma del hombre durante la vida terrena y, por lo tanto, desempeñan importantísima parte en el destino humano. Las excelsas deidades kármicas del Cosmos, llamadas Lipikas en La Doctrina Secreta, pesan las acciones de cada personalidad al término de la vida astral y proporcionan el molde de un doble etéreo exactamente adecuado al karma del individuo en su próxima vida terrestre; pero como quiera que los Devarrajas gobiernan los “elementos” constituyentes del doble etéreo, disponen su proporcionalidad de modo que se cumpla exactamente la intención de los Lipikas.
También los Devarrajas vigilan constantemente la vida del individuo para contrabalancear los perpetuos cambios que en su condición introduce el hombre por su libre voluntad y por la de quienes le rodean, a fin de que no prevalezca injusticia alguna y que de un modo u otro se cumpla el karma30. Son capaces l
Las superiores categorías de espíritus de la naturaleza y huestes de elementales artificiales actúan como agentes suyos en la estupenda obra que realizan; pero todos los hilos están en sus manos y sobre ellos recae toda la responsabilidad. No se manifiestan muy a menudo en el plano astral, pero cuando se manifiestan son los más notables habitantes no humanos. A un estudiante de ocultismo no habrá necesidad de decirle que así como hay siete órdenes de espíritus de la naturaleza y siete de esencia elemental, debe de haber siete y no solamente cuatro Devarrajas; pero aparte del círculo de iniciación, poco se sabe y menos puede decirse de los tres superiores. (Leadbeater 1896, pp. 38-41)
Habitantes Artificiales del Mundo Astrales.
Un fenómeno de esta clase, pero no tan extraordinario como los descritos está adscrito a la familia de uno de nuestros amigos, y consiste en una especie de canto fúnebre que se oye como si flotara en el aire tres días antes de la muerte de un individuo de la familia. Nuestro amigo oyó por dos veces el canto fúnebre y las dos veces tuvo confirmación el presagio, y como quiera que las tradiciones de familia aseguraban que el mismo fenómeno se había ido repitiendo en el transcurso de siglos, quiso indagar por ocultos procedimientos la causa eficiente de tan extraño fenómeno.El resultado fue tan sorprendente como interesante. Se averiguó que en el siglo XII el jefe de la familia fue a las Cruzadas como uno de los tantos valerosos caballeros, y llevó consigo para que ganara las espuelas en la sagrada causa, a su hijo menor, a quien adoraba y era un apuesto doncel que mucho prometía y cuyo éxito feliz en la vida deseaba vehementemente su padre. Pero por desgracia mataron al joven en una batalla y el padre cayó en hondo desconsuelo no sólo por la pérdida de su queridísimo hijo, sino porque había muerto en plena, descuidada y no del todo inocente juventud. Tan acerbo fue el dolor del caballero, que despojándose de sus belicosos arreos se refugió en una de las principales órdenes monásticas de aquella época, con voto de dedicar el resto de su vida a rezar por el alma de su hijo, y para que de allí en adelante ninguno de su sangre se hallase en el que a su sencilla y piadosa mentalidad le parecía terrible peligro de morir sin religiosa preparación. Día tras día durante muchos años fue derramando toda la energía de su alma en el canal de aquel intenso deseo, con la firme creencia de que produciría la anhelada finalidad.Un estudiante de ocultismo comprenderá fácilmente cuál sería el efecto de una tan continua e intensa corriente de pensamiento y deseo definidos. El caballeresco monje creó artificialmente un elemental de intenso poder con plenitud de recursos para su particular objeto y dotó de una interna energía capaz de dar indefinida realidad a su deseo.Un elemental es como un acumulador eléctrico sin hendidura ni raja, y si consideramos cuán intensa fue la energía acumulada en el formado por el monje y cuán de tarde en tarde había de usar algo de ella, no es extraño que aun hoy día conserve sin detrimento su vitalidad, y todavía avise a los descendientes del cruzado la proximidad de la muerte, repitiendo en sus oídos la extraña y quejumbrosa música que fue el canto funeral de un joven y valeroso soldad de hace siete siglos en Palestina. (Leadbeater, 1896, p.45).
Estos malignos elementales se emancipan a veces de la obediencia de su creador, y se convierten en demonios que vagan a la ventura, como se dijo de los elementales facticios formados inconscientemente; pero como los que ahora consideramos son mucho más inteligentes y poderosos y es más larga su vida resultan relativamente más peligrosos. Procuran a toda costa prolongar su vida, ya alimentándose vampíricamente absorbiendo la vitalidad de seres o influyendo en ellos para que les tributen ofrendas, y entre las tribus medio salvajes logran a veces que se les reconozca como dioses patronos de un poblado o de una familia.A la más abyecta y abominable especie de esta clase de elementales pertenecen las falsas divinidades que exigen sacrificios cruentos, mientras hay otros no tan sanguinarios que se satisfacen con manjares de varias clases. En algunas comarcas de la India existen hoy día ambas especies de estos elementales y en África son relativamente más numerosos.Por medio de la sustancia que pueden extraer de las ofrendas y más todavía de la vitalidad que absorben de sus devotos, pueden prolongar muchos años y aún siglos su existencia, y retener suficiente energía para realizar ocasionalmente fenómenos de indulgente índole para estimular la fe y el celo de sus adoradores, mostrándose esquivos y enojados si escasean o cesas los acostumbrados sacrificios. (Leadbeater, 1896, p.46).
3- Elementales Artificiales Humanos- Para explicar cómo son estos elementales, pondré un caso que narra Leadbeater acerca de una logia espiritista que intentó hacer un experimento con una persona fallecida:
El método adoptado fue escoger a una ordinaria persona después de la muerte, despertarla completamente en el plano astral, instruirla hasta cierto grado en las posibilidades y poderes del plano y confiarle después la dirección de un centro espiritista. La entidad así instruida, aleccionaba a su vez en el mismo tema a otras entidades desencarnadas que influían en los asistentes a las sesiones espiritistas y los adiestraban para actuar de médiums. De esta suerte prosperó y floreció el espiritismo. Indudablemente que algunos miembros vivientes de la logia original se manifestarían de cuando en cuando astralmente en los centros espiritistas, y aún quizá se manifiesten ahora, pero la corriente es que dejen la dirección a cargo de la instruida entidad desencarnada. El espiritismo cundió mucho más rápidamente que lo esperado, de suerte que no tardó en emanciparse, y así sólo cabe achacarles indirecta responsabilidad del cariz que fue tomando.
Desde luego que la intensificación de la vida astral de las entidades encargadas de los centros espiritistas, retardaban su natural progreso; y aunque la idea había sido de que todo lo perdido en este aspecto quedaría compensado por el buen karma creado en la obra de dar a conocer la verdad, pronto se echo de ver que no era posible valerse durante largo tiempo de un mismo guía sin perjudicarle gravemente. En algunos casos se pudo efectuar la sustitución o relevo de los guías; pero en otros casos tropezaba con dificultades el relevo de un guía por otro, y se recurrió entonces a formar la curiosa clase de entidades a que hemos llamado “humanos artificiales”.
El Ego del guía pasaba al mundo celeste y a la sombra constituida por sus principios inferiores se la vitalizaba de modo que a los asistentes a las sesiones del centro espiritista les pareciera que eran su guía predilecto. Parece que en un principio efectuaron esta operación los miembros de la logia, pero resultó enojosa e inconveniente por desperdicio de energía, y la misma objeción se hizo contra el empleo de elementales facticios, de modo que al fin decidieron que la entidad destinada a relevar al guía, lo relevase con la condición de revestirse del cuerpo astral desechado por el que se iba al mundo celeste y cuyas características personales había de simular.
Dícese que algunos miembros de la logia se opusieron a este recurso fundados en que si bien el propósito podía ser muy loable, entrañaba engaño; pero la opinión general fue, según parece, de que no había tal engaño desde el momento en que la sombra estaba constituida por los cuerpos astral y mental inferiores del guía relevado, del que conservaba sus personales características.
Esta fue la génesis de la artificial o facticia entidad humana, y se ha de entender que en muchos casos se llevó a cabo el relevo sin que los asistentes a las sesiones espiritistas sospecharan la simulación, aunque por otra parte, los investigadores de los fenómenos espiritistas observaron que al cabo de algún tiempo se advertían de súbito algunas diferencias en la manera y disposición de manifestarse el guía. Ocioso fuera decir que ninguno de los Maestros de la Gran Logia Blanca ha emprendido jamás la formación de una entidad artificial de esta clase, aunque no podrían oponerse a que la formara quien lo creyera conveniente. El punto flaco de este recurso está en que además de los miembros de la logia original muchos otros psíquicos pueden adoptarlo, y entre ellos los magos negros que ya se han aprovechado de él para falsificar las comunicaciones espiritistas. (Ledbeater, 1896. p.48)
Conclusión Personal.
Recordemos que Leadbeater pertenecía a la Teosofía y no está exento de ciertos prejuicios o errores que su escuela representa , si bien, su exposición en el libro ''El Plano Astral'' es brillante tanto en la forma descriptiva como detallada de los subplanos y a los dichos habitantes. Considero que hay algunos puntos cuestionables desde mi punto de vista por ejemplo:
1- El prejuicio de lo que él llama el Hombre Vulgar. Para él es alguien carente de instrucción académica-o esto es lo que se sobreentiende por el término que usa de cultura en dicho contexto-. Pues, como ya vimos en otro caso que cita en su libro sobre los Sueños, Leadbeater hace una clara distinción entre las capacidades astrales de lo que él llama hombre culto y hombre vulgar, y en mi opinión cae en el error de clasificación.
2-Menciona mucho a los magos negros de culturas africanas como el vudú, es indudable que el vudú como tal si es una forma de magia negra con fines destructivos, pero menciona también a los curanderos de tribus que él denomina salvajes-no sabemos a qué otras tribus se refiere a parte de las mencionadas en su texto-. Nuevamente cae en el error de enjuiciar como ''malo'' todo lo que no se ajuste a su cultura y perspectiva.
3-El autor habla de cierta rectitud de la vida para poder llegar a ser un nirmanayakana. Pero parece que él en su vida no aplicó esa misma rectitud que teoricamente predica en sus libros. Una gran contradicción de alguien que habla de la perfección espiritual.
4-Cuando habla de Lobos y Vampiros en el mundo astral eso en mi opinión se me hizo exagerado, pues que yo sepa de los únicos vampiros que se habla en el plano astral son de los vampiros energéticos (como larvas, cascarones astrales, sombras, entre otros que sí explica él).
Hay muchas contradicciones pero lo que quiero señalar es que a pesar de estos errores de prejuicio o de percepción del autor. Es interesante la descripción que hace del plano astral.
Gracias por Leer
Bibliografía, Leadbeater, W. Charles. El Plano Astral. 1896. Biblioteca www.upasika.com. Colección Teosofía 900.
https://glosarios.servidor-alicante.com/teosofia/nirmanakaya